Luis Pla Ventura

Presentación1Muchísimas gracias a Luis Pla Ventura por las palabras tan bonitas que me dedica en su artículo OBRAS IMPAGABLES publicado en torosdelidia.es

El mundo de los toros nos es consciente, respecto a los profesionales, de todo lo que hay detrás, entre “bambalinas”, sencillamente porque sin ese elenco de hombres y mujeres que se entregan con pasión por la causa de los toros, éstos hace ya mil años que hubieran perdido su encanto porque, un espectáculo, una misma obra, de no ser difundida muere en el camino de la incertidumbre.

La lista de personas a ponderar en el mundo de los toros sería interminable pero, en estos días, revisando mi densa biblioteca he vuelto a ver la trilogía de libros que escribió José Luis Cantos Torres cuando, tras cerrar la Monumental de Barcelona, hasta las lágrimas me han caído. Para mi fortuna, aquella adquisición fue un tesoro que hallé para que, en devenir de los años sigamos comprendiendo que, la plaza más taurina del universo no fue otra que la Monumental de Barcelona.

Estos bellísimos libros que nos muestran con todo su esplendor la grandeza de dicha plaza, lo que supuso para el taurinísimo, el fervor que allí se vivía, la explosión de triunfos al más alto nivel, la efervescencia con la que se vivía en Barcelona el espectáculo de los toros, ello no tiene parangón con ninguna otra plaza del mundo. Por dicha razón, José Luis Cantos Torres, su autor, quedará inmortalizado para siempre porque, sin pretenderlo o quizás con toda la intención del mundo, se jugó su dinero, invirtió miles de hora en su trabajo para que, en la medida que pudo reparar el gran daño que unos políticos criminales le hicieron a la fiesta en toda Cataluña pero, de una forma cruel, en Barcelona al cerrar la Monumental barcelonesa.

Para que esta plaza no quedara muda para siempre, José Luis Cantos Torres le puso “voz” para que siguiera hablando a lo largo de la historia y, sin duda, para toda una eternidad. Aquello de que en tres libros admirables, nuestro autor, reseñara todas y cada una de las corridas que en dicha plaza se celebraron, su trabajo no tienen parangón y, lo que es mejor, ahí ha quedado escrita para siempre la historia de la “primera” plaza de toros del mundo; digo bien, si, digo la primera porque es el coso taurino que en mundo que ha dado más espectáculos que la mismísima plaza de toros de Madrid.

José Luis Cantos Torres, este hombre admirable que es capaz de derramar lágrimas al conjuro de su trabajo porque, dentro de su afición digirió aquella puñalada trapera que para él supuso ver a la más “guapa” del mundo cerrada a cal y canto, todo por la decisión de unos insensatos, personas que no tienen el calificativo como tales y que, para mayor desdicha, que tuviera que hacer aquel trabajo sucio un socialista, Pepe Montilla, aquella acción habla muy mal del socialismo que, pasados unos años, como vemos, aquel socialismo que cerró la plaza más emblemática del mundo, ahora aplauden y bendicen al indeseable de Iglesias que, como ha dicho públicamente quiere acabar con la fiesta de los toros.

Por cierto, según este indeseable dice que en España no hay normalidad democrática y, tiene toda la razón del mundo. ¿Cómo puede haber normalidad democrática en un país cuando el vicepresidente del gobierno se llama Pablo Iglesias? Lo digo porque es un tipo que aboga por la libertad de expresión cuando hay que atacar a los demás, cuando alguien se le acerca a él con ese argumento, automáticamente llama a la guardia civil y pone las denuncias pertinentes porque, alguien, a la puerta de su casa, ha puesto del Himno Nacional. Al tiempo bendice a los okupas que asaltan las casas de los demás porque la suya la tiene a buen recaudo rodeada de coches de la guardia civil. Sin duda, no habrá nunca normalidad democrática en España mientras dicho sujeto siga teniendo votos, lo que demuestra que hay millones de enfermos en España.

Lo triste de la cuestión es que, España no tiene solución; vamos a la deriva a pasos agigantados y, los toros son la prueba de lo que sucede en un país como el nuestro. Hasta que llegaron al poder estos apestosos que tienen más de bárbaros que de civilizados, ¿había cuestionado alguien la fiesta de los toros? Yo creo que, ni siquiera ese ciudadano innombrable que presidió el gobierno de España y que ahora es el asesor democrático de Nicolás Maduro, ni ese animal se atrevió a cuestionar la mejor fiesta del mundo. Pero, ya sabemos, otros vendrán que peor lo harán, por eso Dios nos mandó como castigo a Pablo Iglesias para que comprendiéramos que, con ese apellido tan cristiano, dentro de su ser anida un lobo feroz que quiere devorar todo lo que encuentre en su camino y, a las pruebas me remito.

Menos mal que, los políticos desaparecen y las obran quedan, nada es más cierto. Pero es igualmente cierto que, respecto a los toros, cuando una plaza se cierra es imposible que se vuelva abrir y, por dicha razón, el daño es eterno e irreversible. Como fuere, ahí han quedado para la posteridad la obra de José Luis Cantos Torres para que, en del devenir de los años, cualquier aficionado que se precie, si es que todavía queda alguno por el mundo, pueda saber con exactitud la historia de esa “gran dama” como la denomina Cantos que no es otra que La Monumental de Barcelona.

Y por si toda la obra de José Luis Cantos Torres fuera poca, a el pasado año, inmersos todos en la crueldad de la pandemia que nos azota, a este hombre singular no le tembló el pulso y escribió, nada más y nada menos que, LAS ÚLTIMAS 24 HORAS DE JOSELITO EL GALLO, una obra de minucioso estudio que cautivará a todos sus lectores. Termino como empezaba, dándole las gracias a todos los personajes que, sin llevarse un “duro” de la fiesta han sido capaces de entregar su talento, su dinero, su amor y jirones de su propio ser, todo ello para darle brillo y fuste a esta fiesta maltrecha por sus mismos protagonistas y, sin duda, por la clase política. Bien hallado seas de nuevo, José Luis Cantos Torres, algún día muchos reconocerán que tu vida no fue un paso en vano, más bien, una tremenda lección de la que aprenderán generaciones venideras.

Luis Pla Ventura

Museos de Manzanares

Muy agradecido con la atención y amabilidad que me facilitó el Archivo-Museo Ignacio Sánchez Mejías de Manzanares.

MUSEOS DE MANZANARES

El Archivo-Museo Sánchez Mejías es un espacio de exposición y difusión pero también de investigación. José Luis Cantos Torres es uno de estos investigadores que contactó con nosotros para recabar información, sobre todo gráfica, sobre Joselito El Gallo, ídolo y cuñado de Ignacio Sánchez Mejías. Hoy ya se puede consultar en la biblioteca del Archivo-Museo el resultado de esta investigación: el libro «Las últimas 24 horas de Joselito El Gallo». Gracias a su autor por hacernos entrega de esta obra.

Sin título

ÉXITO DE VENTAS

LAS ÚLTIMAS 24 HORAS DE JOSELITO EL GALLO
Una sentida recreación histórica de José Luis Cantos Torres.
Éxito de ventas en la librería taurina por antonomasia, la Librería Rodríguez.
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Vicent Climent

Muy agradecido con el acreditado escritor gallista, Vicent Climent. Su crítica sobre mi último libro en la web LA GRACIA TOREADORA, es un halagador regalo.

“LAS ÚLTIMAS 24 HORAS DE JOSELITO EL GALLO”

José Luis Cantos, prolífico autor en los últimos tiempos, ha publicado recientemente en la editorial Círculo Rojo, y coincidiendo con el centenario de la muerte de José, el libro ‘Las últimas 24 horas de Joselito El Gallo’. El tema ha sido tratado anteriormente en otras obras pero José Luis ha tenido la habilidad de ordenar, casi como en una novela, el relato.

Así, el lector puede seguir de manera amena los pasos del Rey de los Toreros en su último día terrenal: cuanto ocurrió la tarde del 15 de mayo en la plaza de Madrid, la posterior cena en un conocido local de la capital de España, la mañana del 16, el viaje, la llegada a Talavera, la corrida, la tragedia, el entierro…

La propuesta, que se acompaña de buen número de ilustraciones, acaba con ‘Recortes sobre Joselito’ donde anécdotas, coplas, comentarios y poesías se alternan para ensalzar la figura de Gallito. Además, revela un dato curioso: la ubicación de la carroza mortuoria que condujo por Madrid los restos del diestro.

Vicent Climent

EL ABONO TAURINO

EL ABONO TAURINO DE ESTE INVIERNO ESTÁ EN LOS LIBROS

¡ABÓNATE A LA LECTURA!

Colección taurina de José Luis Cantos Torres

Sin título

Muñoz y Pabón, la pluma de Joselito

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Muñoz y Pabón, junto a la pluma y la Esperanza Macarena.

En la Sevilla de 1920, un sector de aristócratas arcaicos y avinagrados por su clasismo aburguesado, se molestó a rabiar porque se decretó que las exequias de Joselito El Gallo tuvieran lugar en la Catedral. ¡Válgame el cielo! ¡Qué sacrilegio más grande supuso la osadía del Cabildo Catedralicio, proponer semejante encomio para un torero, que además tenía abolengo gitano!

Ante el aluvión de críticas palatinas y en defensa de aquel hercúleo torero, surgió la enfática caligrafía de un hombre humilde, tocado por la fe religiosa y ducho en poesía y escritura, el canónigo nacido en Hinojos (Huelva) Juan Francisco Muñoz y Pabón. Con el amparo de pluma, tintero y papel, Juan Francisco abanderó un clamor popular que la sevillanía más pura y sensitiva, había demostrado en el entierro de uno de sus vecinos más ilustres, aquel torero de dimensión épica, que siendo un chiquillo correteó por la emblemática Alameda, dando capotazos al viento andaluz que escolta, el cauce aceitunado del Guadalquivir.

No pudo tener mejor laudatorio el pequeño de Los Gallos, el canónigo de Hinojos supo ver con más claridad que toda la corte de patricios hispalenses, que la vida y obra de José, estaba predestinada a hacer girones la desidia del olvido.

De los dos alegatos que Juan Francisco publicó en El Correo de Andalucía, el segundo lo hacía para dar respuesta a una carta que le envió una señora anónima, que con mucha suspicacia había retirado del papel timbrado su identificativo blasón. Con estas palabras respaldó las exequias de Gallito en la Catedral: “Joselito contribuyó como un príncipe a todo lo noble, a todo lo grande, a todo lo santo que se proyectó en Sevilla. Ahí están, si no, las coronas de oro de la Virgen de la Esperanza de la Macarena y la del Rocío…;”.  Añadiendo unos párrafos más adelante: “¡Desengáñese usted, señora! Joselito era aún más querido que admirado; y cuando las muchedumbres llegan a querer, crea usted que por algo quieren”.

Apelando a la doble moral que escenificaron los nobles, en el primer manifiesto apuntilló: “Por cierto que no han faltado títulos de Castilla -asistentes al acto- que han sentido escándalo de que todo un Cabildo Catedral haga exequias por un torero… Pues, ¿qué? ¿No sois vosotros los que aplaudís a los toreros y los jaleáis; los que los aduláis, formándoles corte hasta las mismas gradas del Trono; los que os disputáis sus saludos como una honra; tenéis en más sus autógrafos que los de cualquier intelectual consagrado, y pujáis sus reliquias -a veces las más íntimas- como las de un confesor de Jesucristo? ¡Cualquiera os entiende, piadosísimos varones!”.

Es simplemente increíble pensar que en aquel 1920, un “servidor y capellán”, como él mismo se definió en el escrito de la señora anónima, tuviera tanta entereza y temeridad, como para enaltecer la figura de un torero frente a las más altas alcurnias sevillanas. ¡Válgame el cielo! ¡Que espíritu más libre de servidumbres terrenales, tuvo que tener aquel humilde capellán hinojero!

El ejemplarizante comportamiento del canónigo, conmovió a la ciudadanía sevillana de tal manera, que se abrió una suscripción popular para regalarle una preciosa pluma de oro, diamantes y zafiros. Juan Francisco halagado por el significativo obsequio, lo donó a la Hermandad de la Virgen Esperanza Macarena y desde entonces, cada Jueves Santo, la imagen que tanto adoró Joselito, lleva fijada en el fajín de la saya, la fabulosa reliquia de su más profundo valedor.

Juan Francisco Muñoz y Pabón, murió en Sevilla el 30 de diciembre de 1920 a los 54 años, víctima de una dolencia pulmonar causada por el empedernido tabaquismo que practicaba. Tan solo siete meses después de la muerte del Coloso de Gelves, partió junto a él, para descansar en la eternidad de la Memoria Grande de España.

José Luis Cantos Torres

Feliz Navidad Gran Dama

Aunque el presente interprete el futuro, solo el pasado es capaz de definirlo.

Feliz Navidad Gran Dama, tu pasado será el presente del futuro.

Aniversario Beethoven

250 años del nacimiento de Beethoven

1783

Beethoven, retrato anónimo.

Cuando Ludwig van Beethoven nació el 16 de diciembre de 1770 en Bonn, hace hoy 250 años, los monarcas de la música barroca, Bach, Händel, Vivaldi y Scarlatti, ya habían fallecido. Mientras el pequeño Ludwig gimoteaba sus primeros llantos, el legado de aquellos dioses del pentagrama barroco, había dado paso al clasicismo más melódico de Joseph Haydn, Boccherini, Salieri o el prodigioso Wolfgang Amadeus Mozart, un relevo digno del olimpo más mitológico de la musicología. Al donaire de la batuta de estos consagrados maestros y bajo el férreo y cruel aprendizaje que le impuso su padre, aquel promisorio niño, fue coqueteando con la lectura musical, llegando a devorar las partituras que caían en sus manos, sobre todo si estaban firmadas por Bach, Haydn o Mozart.

Desde sus primeras lecciones, el crío de Bonn mostró una necesidad imperiosa de improvisar al piano, algo poco usual a su edad y por lo que llegó a recibir muchos golpes de su padre, ya que su mente ebria y su corazón romo de sentimiento artístico, no le dejó ver que estaba frente a un ser tocado por las hadas. Quien sí lo vio y se erigió en su primer defensor, fue el maestro Christian Gottlob Neefe, este le mostró la inmensidad de la música y le ayudó a conseguir su primera subvención para viajar a Viena, la ciudad de la música por excelencia, donde fue recomendado para estudiar con Haydn y con su admirado Mozart. Aquel primer viaje al reino de la armonía, fue solo un suspiro al caer enferma su madre, teniendo que volver precipitadamente a Bonn, para hacerse cargo de sus dos hermanos pequeños, ya que su padre vivía en una embriaguez perenne, lejos de poder atender las necesidades de sus hijos.

Cuando el joven Beethoven pudo volver a la metrópoli de la polifonía, allá por el año 1792, Mozart había muerto y su educación musical corrió a cargo de Haydn y Salieri. A partir de ese momento, su talento dejó volar su imaginación y lo primero que hizo fue convertirse en un pianista de deslumbrante brillantez. Sus improvisaciones al teclado, aquello que tanto despreció su padre, llegó a causar furor entre sus oyentes y terror entre los contrincantes que osaron retarle en enfrentamientos públicos. Hasta aquí, se podría decir que Beethoven fue un caso de niño precoz, que evolucionó llegando a ser un virtuoso del piano, como pocos se habían visto hasta entonces. Pero donde su vida artística y personal dio un giro total, fue en el otoño de 1802, cuando solo e iracundo, se exilió a las afueras de Viena en la bucólica aldea de Heiligenstadt. Allí, colérico y anegado de ira, se encaró con su atroz destino por la condena que le había impuesto, una sordera vertiginosa, que en poco más de tres años le había hecho perder más del 50% de su audición. El testimonio más desgarrador que podemos encontrar de aquel encuentro entre el músico y su despiadado sino, lo describe el famoso “Testamento de Heiligenstadt”, un manuscrito que el mismísimo titán de Bonn escribió para sus dos hermanos, pero que nunca llegó a entregárselo, aunque lo conservó toda su vida como un salvoconducto divino, llegando a certificar alguno de sus biógrafos, que aquel escrito de clamoroso tormento humano, lo acompañó siempre entre los bolsillos de sus ropajes. El violento encuentro que mantuvo con la providencia, no pudo paralizar el desgarrador avance de su sordera, la que llegó a ser total, pero aquella espantosa discapacidad, no le impidió llevar la composición sinfónica a cotas jamás soñadas, llegando a ser la figura suprema de una nueva corriente musical que fue llamada, el Romanticismo.

Beethoven

Beethoven por Joseph Karl Stieler.

Cuesta mucho creer que un pintor con una ceguera progresiva e irreversible, pudiera haber creado una obra pictórica innovadora y llena de matices revolucionarios. Pues justamente eso es lo que hizo el glorioso maestro de Bonn. Con una incapacidad auditiva enloquecedora, fue capaz de marcar un antes y un después en la creación musical, una sacudida que removió toda la estructura musical conocida hasta la fecha. Entre algunos de sus logros se encuentra, una ampliación de la orquesta que incluía la incorporación de nuevos instrumentos, una exigencia técnica depurada para músicos y solistas, unos cauces inexplorados en la expresividad musical y en la composición armónica y melódica, una duración de las sinfonías que doblaba lo establecido, y sobre todo, un reconocimiento que elevaba la música y a los músicos, a un paradigma supremo rebosante de la más ferviente idolatría.

Cuando aquel ser divino de la musicología murió en Viena en 1827, en el cementerio de Währing, donde inicialmente fue enterrado, el actor Anschütz leyó un escrito del poeta Grillparzer. En un pequeño extracto de aquel perspicaz y clarividente alegato se decía: “El que venga después no podrá sucederlo. Deberá comenzar de nuevo, porque este precursor ha terminado donde acaban los límites del arte”.

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Casa natal de Beethoven en Bonn.

José Luis Cantos Torres

El libro taurino de estas Navidades

LAS ÚLTIMAS 24 HORAS DE JOSELITO EL GALLO

La magnitud de un torero inmenso, visto a través de su trágico destino.

El rubio de Salzburgo

La madrugada del 5 de diciembre de 1791 se apagó en Viena, la insólita inspiración de Wolfgang Amadeus Mozart. Su legado de más de 600 obras creadas en poco más de 25 años, son el poema de lo imposible para la mayoría de los mortales que amamos la música. Aquella fría noche de diciembre la ciudad de la música por excelencia, alcanzó la honorable distinción de haber albergado entre su entramado urbano, la viva imagen de un pentagrama andante, un ser que componía música más rápido que un copista tardaba en transcribir su composición. Se cuenta que aquel salzburgués de abundante melena rubia, era despertado cada día a las seis de la mañana por su barbero, quien lo afeitaba y lo acicalaba, para después comenzar a garabatear notas y más notas hasta bien pasado el mediodía. En la foto pueden apreciar el lugar aproximado que ocupó la fosa común donde fue enterrado (Cementerio de St. Marx de Viena) y dos mechones de su pelo conservados en su casa natal de Salzburgo.