Entrevista con Pla Ventura

Presentación1Muy agradecido con Luis Pla Ventura y con el Portal taurino Torosdelidia.es, por querer saber más sobre mi último libro, LAS ÚLTIMAS 24 DE JOSELITO EL GALLO.

El pasado año, tan cruel y maldito por los recuerdos que nos dejó, para José Luis Cantos Torres, autor del libro LAS ÚLTIMAS 24 HORAS DE JOSELITO, pese a lo dicho, para nuestro autor y contertulio de este día tendrá un recuerdo imborrable puesto que, el narrador catalán acertó por completo al escribir dicha obra que, en los momentos actuales sigue disfrutando del éxito, no en vano se está vendiendo de forma admirable; no es para menos puesto que el libro tiene un calado fantástico, tan emotivo que, como escribí en su día, cualquiera, tras leer esta narración se identifica con los personajes y, en calidad de aficionado, hasta tiene uno la sensación de haber vivido aquellas horas irrepetibles.

-Su último libro, las 24 horas de vida de Joselito es algo apasionante que, como he podido saber, ha sido todo un éxito, algo que yo le refrendo tras haber leído algo tan hermoso. Tras tanta literatura como ha corrido al respecto del diestro de Gelves, ¿cómo se le ocurrió a usted dicha genialidad?

-Mi idea era rememorar aquel trágico centenario de alguna manera, ya que Joselito El Gallo es para mí, una de esas personas que nace para ser inmortal. Para los primeros bocetos pensé en una conferencia, pero tras valorar todas las horas que necesitaba para recabar la  documentación, decidí que lo mejor sería hacer un libro. De  lo que no había duda, era que tenía que estar basado en el aciago aniversario de su muerte, ya que toda la literatura escrita al respecto, quedaba difusa y llena de contradicciones o simplemente eludían lo sucedido. Mientras ataba cabos, recordé de mi videoteca musical un excelente reportaje llamado “Jimi Hendrix The Last 24 Hours”, donde se analiza a conciencia los últimos momentos de la vida del grandioso guitarrista y sin más divagaciones, supe que con aquel guion horario, podría reconstruir mi particular viaje al mayo de 1920.

-Por cierto, ¿cómo cree usted que habrán interpretado desde Sevilla que un catalán haya escrito la obra más emotiva de su hijo tan ilustre, caso de José Gómez Ortega?

-Pues como en botica habrá de todo, pero por encima de apreciaciones particulares, estaba reconstruir una insospechada desdicha, que la misma ciudad Hispalense lloró con desconsolada resignación.

-No sé si usted es consciente de que, con su relato, ha sido capaz de pasearnos por aquel Madrid de 1920 y, para colmo, tras la lectura del libro, todos lloramos la pena de la pérdida de Joselito, pero todo ello cien años después de que ocurriera.  ¿Qué pócima hermosa le puso usted a su obra para que todos nos sintiéramos subyugados por la misma?

-Creo que el secreto está en una investigación meticulosa y en una reconstrucción cronológica muy laboriosa, prestando mucha atención a detalles que a veces parecen simples, pero que tienen una carga descriptiva fundamental para que el lector tenga la sensación de estar oyendo, viendo o sintiendo lo que pasó.

-Decían,  por ejemplo, que si Manzanares llega a nacer en Sevilla hubiera sido el Dios del toreo. ¿Podemos decir de usted lo mismo si de literatura hablamos?

-No creo que Manzanares hubiese sido el Dios del Toreo, ni yo el de la literatura, pero sin lugar a dudas, la cercanía de un paisano siempre tiene una carga de empatía a favor.

-Dígame una cosa, tras la narración de esas 24 horas de Joselito, si tuviera que quedarse con una instantánea, con un momento de ese breve tiempo transcurrido ¿qué destacaría usted por encima de todo?

-Yo creo que el instante más sentido, donde la pena invadió por completo el alma de aquellos hombres que rodeaban a Joselito, fue el momento de sellar en féretro con la tapa de cristal, ahí el dolor humano no tuvo consuelo posible. 

-¿Le ha ayudado algo o alguien, por ejemplo, el ministerio de Cultura de la Generalitat para la edición de ese libro que pasará a los anales de la literatura taurina?

-Este es el quinto libro que auto-publico con la Editorial Círculo Rojo, en ninguno de ellos he tenido ayuda o subvención de nadie, mi único apoyo, lo recibo de los numerosos lectores que compran mis obras.

-Según me han contado, ha estado usted un año y medio para recopilar todos los datos que nos muestra en el libro. ¿Cree usted que ha merecido la pena ese esfuerzo titánico? Dicho en otras palabras, ¿le han valorado como se merece la edición de un libro tan singular?

-Cuando uno cree que hace justicia y memoria con una persona que fue Grande de España, vale la pena dedicar tantísimas horas de investigación. Sobre la segunda pregunta, yo creo que el público taurino como buen lector que es, ha sabido darle una relevante importancia a la obra, ya que las ventas han sido numerosas, otra cosa muy distinta, es la nula difusión que los informativos taurinos de élite le han dado a la obra. Yo me quedo con los primeros. 

-La Iglesia, señor Cantos Torres, ese Ente tan menospreciado en la sociedad actual, según tengo entendido, todas las puertas que ha tocado usted al respecto, todas se le abrieron de par en par. Imagino su satisfacción por lograr lo que usted anhelaba y que tanta falta hacía para documentar su obra como lo ha hecho ¿verdad?

-Así fue, y estoy muy agradecido con las entidades eclesiásticas por dos razones principalmente: Una, por el trato accesible, cordial y diligente que me han dado y dos; porque sus archivos son un tesoro histórico de una valía gráfica y documental, extraordinaria para cualquier libro que se adentre en el pasado.  

-¿Cree usted que generaciones venideras valorarán mucho más su libro que en los momentos actuales? Se lo digo porque ha narrado usted un libro de culto.

-Pues es muy posible, porque si algún día llegan a prohibir la tauromaquia, con el paso de los siglos, el torero será visto como un ser de rasgos épicos, que vivió, obró y murió, defendiendo unos valores personales oníricos.  

-Uno de los datos que usted necesitaba, es decir, la carroza mortuoria en la que se trasladó el cuerpo de Joselito, al parecer, le costó a usted muchísimo hallar ese dato, digamos que lograr la foto que encontró que, buscándola usted por toda España, incluso en algunos lugares de Europa, al final, esa carroza está en un museo de Barcelona, es decir, junto a su “casa”. ¿Qué sintió cuando encontró el tesoro que buscaba?

-Menuda sorpresa me llevé… Donde ni siquiera me planteé buscar, estaba la carroza fúnebre que llevó los restos de Joselito, Mariano de Cavia y Manuel Granero, imagínese con ese pasado, todos los esfuerzos que empleé en encontrar La Grand Doumont, como así la llaman. Tenía tantos frentes abiertos por España y Europa, que estuve cerca de tres meses buscando. El entierro del alcalde Enrique Tierno Galván me puso en la pista de rastrear Barcelona. Cuando visité el museo donde actualmente está expuesta, junto a mi mujer y al polifacético aficionado Fernando del Arco. Cuando se abrieron las puertas del museo y apareció la carroza, en ese momento sobraron todas las palabras y faltó visión para observar todo el pasado en blanco y negro, que tenía aquella imponente reliquia fúnebre.

-Si de datos hablamos, lo que usted ha logrado ha sido memorable, porque, gracias a sus investigaciones pudimos saber que, aquel 15 de mayo las tahonas de Madrid estaban en huelga y, por ello, los hombres de Joselito tuvieron que “acercarse” a Torrijos para comprar el pan. ¿Qué pasó con aquella barra de pan que quería comprar Fernando, el hermano de Joselito?

-Efectivamente, una huelga en el sector del pan, originó esa disputa en Torrijos. Al llegar el tren a la estación, bajó Fernando para aprovisionarse de víveres ya que el convoy llevaba retraso. Sobre un mostrador de la cantina había un pan y Fernando lo añadió a la compra, en ese momento un hombre que había en el lugar, le recriminó que el pan era suyo y se puso agresivo con Fernando, cosa que vio Joselito y tuvo que intervenir con contundencia para zanjar la disputa.

-Una duda que me quedó tras leer el libro es que, no llego a entender cómo aquellos diestros que formaban parte del cartel de San Isidro aquel día en Madrid, Joselito, Belmonte e Ignacio Sánchez Mejías, los que tenían una corrida Albaserrada en los corrales y al final los veterinarios la rechazaron. ¿Cuáles fueron los motivos?

-El aviso que la empresa colgó para justificar el cambio de ganadería decía: “Los toros de Albaserrada están cansados del viaje, y en su lugar se lidiaran reses de doña Carmen de Federico (antes Murube)”.

-Tengo una curiosidad, José Luis, ¿qué le han dicho los familiares de Joselito tras la lectura del libro?

-Pues Paloma Recasens sobrina-nieta de Gallito y Rocío Pérez de Ayala sobrina-biznieta, me han mostrado su agradecimiento por el trabajo, además de haberme ayudado con valiosísima información y documentación para el libro.  

-Una pena, amigo, que la pandemia nos azotara de esta manera tan brutal porque, como he podido saber, en Gelves se le esperaba a usted como una especie de mesías en que les hablaría a dicho pueblo de su hijo más ilustre, lo que en realidad ha plasmado en el libro. ¿Qué sintió cuando comprobó que por una desdicha como la mencionada se morían todas las ilusiones de la presentación del libro?

-Mucha tristeza, ya que presentar mi libro en la ciudad donde nació mi protagonista, el mismo día que comienza el relato y al mismo tiempo que se cumplía el centenario de los hechos, era una dicha muy gratificante para mí. El consistorio de Gelves no pudo estar más implicado, hasta el último momento estuvieron expectantes, pero no fue posible y aun así todo lo que se pudo realizar de forma virtual, como mi presentación (en formato reducido), se llevó a cabo.

-Y menos mal que, toda la acción iba a desarrollarse en Gelves, si Joselito llega a nacer en Espartinas, los políticos de dicho pueblo, en vez de arroparle le hubieran apedreado.  ¿Cómo interpreta usted que, en caso como el citado, la política no es capaz de respetar ni a la propia cultura?

-En este país hay cosas y casos que parece que se repiten constantemente. Recientemente se ha resucitado un escrito de Machado que dice: “De diez cabezas, nueve embisten y una piensa”.

-La foto más emotiva del libro –y hay muchísimas- para mí no es otra que cuando Ignacio Sánchez Mejías reza sobre el cuerpo sin vida de Joselito. ¿Cómo consiguió ese original?

-Del archivo de don Antonio Santainés Cirés, al que siempre le estaré muy agradecido por haberme dejado su legado fotográfico.

-Fíjese si el toreo aporta grandeza al mundo que, por ejemplo, Talavera de la Reina que debería de conocerse por sus cerámicas bellísimas, alcanzó notoriedad por la muerte de Joselito. Qué cosas tiene el destino, ¿verdad, señor Cantos?

-Es que Joselito, don Luis, fue una cerámica humana de policromía irrepetible.

-¿Está usted preparando alguna obra nueva porque, tras lo leído, sospecho que algo está tramando usted y no será baladí?

-Pues tiene usted buena información, así es, ya está avanzado mi nuevo libro, pero como todavía sigue despertando mucho interés el del Coloso de Gelves, es mejor no desvelar nada y respetar las pautas promocionales. Pero descuide que será de los primeros en saberlo.

-No quiero cansarle más, solamente felicitarle por su obra y desearle muchos éxitos.

-Muchas gracias, le agradezco su interés por mi obra y valoro mucho que le haya gustado mi trabajo.

Un fuerte abrazo

105 AÑOS

105 años de la inauguración de La Monumental de Barcelona, La Gran Dama de la Tauromaquia Catalana.
 

Adrián Blázquez de ALTORO

Muy agradecido con Adrián Blázquez y con el portal altoro.es por interesarse por mí trabajo y querer saber de mí en la cercanía de una amena conversación. Fue todo un placer conversar con Adrián y una recompensa al trabajo silencioso que conlleva crear y editar un libro. Muchas gracias.

Por Adrián Blázquez

img_8977Hablando con José Luis Cantos es fácil contagiarse de su pasión y dedicación por el mundo de los toros. Autor de la trilogía de la Monumental de Barcelona primero, su obra se ha multiplicado en los últimos años con la publicación de Confidencias (2018) y Las últimas 24 horas de Joselito El Gallo (2020). En esta ocasión y dejando atrás el centenario del Rey de los Toreros, hemos querido charlar con él sobre su libro Confidencias; un libro ameno que recupera el legado de Antonio Santainés Cirés con unas entrevistas cuidadosamente seleccionadas que llegaron a manos de José Luis en forma de grabación. Rafael El Gallo, Marcial Lalanda, Nicanor Villalta, Domingo Ortega, El Andaluz, Ángel Luis Bienvenida y Pepín Martín Vázquez son los protagonistas de un contenido que José Luis ha sabido darle forma y donde se mezclan las peculiares maneras del profesor con la importante labor biográfica que ha desarrollado el propio escritor en forma de anotaciones para dar consistencia al libro.

[P] ¿Qué supone Antonio Santainés Cirés para José Luis Cantos Torres?

[R] Lo primero que hay que resaltar de Don Antonio es que era una persona íntegra, algo indispensable hoy en día a la hora de tener amigos. Gracias a eso se cosechó muchos problemas y enemigos. Él concebía las cosas de esa manera y así las defendía y expresaba. Don Antonio en ese sentido siempre tuvo mi respeto. Cuando fui a hacer la trilogía de la Monumental, fue la primera persona que me apoyó y estuvo a mi lado. De alguna manera nos teníamos mucho aprecio y aprendí muchas cosas de él, con esa forma tan concreta de escribir y narrar las historias. En él se dio una cosa muy importante y es que no fue un mero crítico, sino que además era un buen historiador. Esto se ha dado mucho en Cataluña.  Hay una gran diferencia entre ser un crítico y un historiador. Cuando Don Antonio hablaba de algo lo hacía con propiedad, porque buscaba donde fuera la información. Eso tiene un valor impresionante. En Madrid hay muchos críticos que a lo único que se dedican es a criticar, pero no tienen nada de historiadores. Don Antonio se pasaba horas hablando con un torero para escribir un artículo en el periódico que no superaba nunca la página y media. Eso nos indica que era una persona con una autoridad que debe respetarse porque hoy en día ese tipo de gente escasea.

[P] Hay algo especial en esas conversaciones de Antonio Santainés, pues mezcla el cariño que parece tenerle al torero con una clara tendencia a formular preguntas directas que parecen impensables para el periodismo actual.

[R] Ahí reside la verdadera valía de estas entrevistas y del periodismo de Don Antonio. Él era muy directo y algo que siempre preguntaba era la cantidad que cobraban los toreros. Son preguntas que te acercan al torero como persona. Cuando Don Antonio murió tenía 155 cintas de aquellos antiguos casetes con entrevistas a toreros, pero yo he elegido siete de ellas. Hablamos de toreros que pudo encontrarse a lo largo de su vida, porque hay que recordar que él nace en 1928 y que la primera vez que fue a una corrida de toros, tras la guerra civil, fue en Las Arenas a principios de 1939; la Monumental estaba cerrada. Es a raíz de esta primera corrida cuando entra en el mundo del toro. A partir de los años 1955 y 1957 empezó a grabar a muchos toreros y cuando él muere, todas las cintas me las regalaron a mí. Eso tiene un valor incalculable. Lo primero que hice y que él siempre lo tuvo en mente, fue digitalizar todo ese contenido. Tenía ese miedo a donde llevarlo por si se lo copiaban o se lo estropeaban. Esta tarea me llevó unos tres meses, en los que fui grabando todos esos casetes antiguos en un soporte digital.

Empecé a escucharlo y fue cuando pensé que había que hacer un libro para contar todas aquellas historias, pues ya me hubiera gustado a mi que de Lagartijo, Frascuelo o Guerrita pudieran contarse cosas tan directas e importantes como el trato que tenían con los empresarios o las peleas con compañeros. Es de ahí donde surge este primer libro que yo he hecho, pero del que Don Antonio tiene todo el mérito porque todas esas cintas que guardó durante cincuenta me llegaron en perfecto estado a pesar del antiguo sistema analógico.

[P] En el libro también encontramos anotaciones con fechas que apoyan las conversaciones de las cintas con datos exactos.

[R] Tuve que hacer un trabajo de historiador, pues yo tenía la base de unas entrevistas que tampoco se planteaban como tal y estaban mas cerca de una charla entre dos personas que se entienden. Para el libro fui aportando documentación de lo que se iba hablando en la entrevista para que el lector pudiera situarse en cada momento de la historia y en cada situación. Toda la investigación se basa en la hemeroteca y es mi principal aportación al libro.

[P] Algo muy importante es el contexto en el que están hechas las entrevistas, pues a todos los protagonistas les pilla en una edad madura en la que pueden echar la vista atrás para hacer balance con ese peso que dan los años.

[R] También se da que la vida de estos toreros de época y sus vivencias no se pueden comparar a las que tienen los toreros de hoy en día. Tenían unas vidas y unas relaciones singulares con las personas y lugares, coincidiendo además con toreros inimitables. Eran héroes sin toda la carga que hoy se tiene hacia el mundo taurino.

[P] ¿Qué vivencias le ha aportado a usted este libro?

[R] Con este libro me han pasado cosas muy bonitas, como no me habían pasado con otros libros. La primera presentación que hice fue en Cretas, donde nació Nicanor Villalta; vino el alcalde, familiares suyos que aún viven en la ciudad e incluso recibí una grabación de su nieta para ponerla en la presentación. Fue algo con un sentimiento y una humanidad preciosa. La cita en Barcelona fue algo entre amigos, sin rozar esa altura. Después fui a Madrid y vinieron las dos hijas de Antonio Bienvenida, su nieto y la hija del doctor que le curó. Fue precioso, con foto de familia incluida, pero sin público que llenara la sala Antonio Bienvenida. En Sevilla se rompió el cuadro de una manera bárbara, con la hermana de Pepín Martín Vázquez, su mujer, sus hijos; también los de El Andaluz y sus nietos.  Cuando todas aquellas personas oyeron las voces de sus familiares, fue algo muy bonito. Muchos de ellos ya no tenían ninguna grabación de algo tan personal como lo es la voz. Tenía que haber presentado en Ciudad Real, pero con el tema de Joselito y su libro tuve que dejarlo.

[P] Entre esas 150 cintas, ¿Cómo se eligen siete protagonistas?

[R] Una de las razones fue el formato del libro. No podía permitirme un libro de 700 páginas porque es mas complicado de vender. Tiene que ser un formato ameno y que se pueda leer en cualquier sitio. Ahora tenemos el formato digital, con el que de alguna manera hay que competir. El lector taurino quiere tocar y sentir el papel, pero si puedes estar alrededor de las 275 hojas puedes poner un precio asequible. Elegí siete, como siete son los días de la semana o los mares [risas]. Todos los libros que he escrito son además autoeditados.

[P] Hemos hablado de la autoedición y la autopromoción, además de la realización del propio libro. ¿Todo ese trabajo requiere una dedicación completa?

[R] Hay que dedicarle mucho tiempo. A parte del libro en sí, hay que tener la idea clara sobre como quieres que sea el libro y yo en ese sentido me involucro mucho. Diseño las portadas, los marcos de las fotos y el resto de las cosas porque es algo que me gusta. Además, hay que pagarlo y ahí entra en juego el presupuesto de cada uno. Viviendo en Barcelona no hay ninguna institución pública que ayude y los medios de comunicación taurinos dan la información que quieren, cuando quieren y como quieren.

[P] Para el publico en general, Confidencias es todo un desconocido.

[R] Yo no vendo en ninguna librería, a excepción de la Librería Rodríguez, porque es el referente taurino por excelencia y existe un trato directo entre librero y escritor. Si quisiera que estos libros tuvieran una promoción en las librerías españolas, todo se resume en un dinero que no puedo pagar ni permito que deba pagarse. Si yo quisiera tener los libros en todas las librerías o en una gran plataforma, esta los pide a través de una distribuidora que le gana un 30% que hay que sumar al otro 30% que se lleva el punto de venta; de los 15 euros que cuesta el libro, le tendría que descontar un 60%. Al final soy yo quien tiene que pagarles a ellos y por eso no hay mas promoción fuera de los sectores taurinos. Ahora hay otros caminos y con la pandemia se ha demostrado que internet es el modo mas seguro de comprar ahora mismo. Como yo pago mis libros, decido lo que hacer con ellos.

[P] Las historias en papel y su legado con el paso del tiempo, ¿influyen en que lo electrónico no acabe de desplazar al formato físico?

[R] Sobre todo con el público taurino, con el que estoy muy agradecido y no me canso de hacer libros. En el futbol se mueven muchísimos mas millones que en la tauromaquia, pero no consumen libros. El libro taurino en cambio es diferente. Desde la Librería Rodríguez están muy sorprendidos con el libro de Joselito porque se está vendiendo en el mundo entero. Yo no los mando fuera de España, de la península, pero él los hace llegar donde sea. Hace unos días me contaba que le habían pedido el libro desde un cura de Perú hasta un aficionado de Texas. 

[P] Cuando a uno le llegan esas noticias, ¿cómo le hace sentir?

[R] Es bonito, porque yo considero que escribir sobre tauromaquia es un legado de la historia. No suelo hablar solo de un torero en concreto, pues le pongo alrededor cosas que está relacionadas con la ciudad o los personajes que estuvieron en la plaza. Siempre busco cosas así. Cada vez que veo una persona deseosa de leer, me doy cuenta de que esos toreros siguen despertando un halo que atrae a las personas y les incita a querer saber como eran, lo que comían y como vestían. Si de aquí a un tiempo logran acabar con la tauromaquia, no tengo ninguna pena al pensar que el hecho de haber escrito los libros haya sido para nada. Cuando pasen los años, estos despertarán la misma pasión que a los que estaban en la Plaza de Toros de Talavera viendo a Joselito y levantará la misma pasión.

[P] ¿Sería posible escribir de la misma manera con la tauromaquia actual?

[R] A mi no me atrae lo mismo, sinceramente. Entre otras cosas, la coletería actual es un poco clasista y no es fácil. Cuando estuve haciendo el último tomo de La Monumental con los toreros actuales, era complicado hasta pedir una fotografía. Un camino en el desierto. La situación actual es fruto de su propio quehacer.

[P] Uno de los principales problemas que tenemos ahora y quizás la razón por la que nos atraen los toreros antiguos es esa cercanía que tenían con el pueblo, que veían en ellos una figura inalcanzable pero que había salido de ellos.

[R] Falta verdad y humanidad. En Confidencias se reproducen las palabras del brindis que le hizo Ángel Luis Bienvenida al doctor Olivé tras la intervención a su hermano Antonio Bienvenida en una cornada muy grande que le tuvo semanas entre la vida y la muerte. Cuando Ángel Luis volvió a torear en Barcelona, que lo hizo en Las Arenas, se encontró con él en la plaza y remató el brindis diciéndole que aquí tiene una familia para lo que le haga falta, tras agradecerle lo hecho por su familia. Los toreros actuales viven al margen de todo.

[P] Con el brindis me viene a la cabeza unas palabras que escribe para cerrar ese capítulo del libro. Se trata de una expresión que, aprovechando su faceta de músico voy a aprovechar para que me explique y cerrar estas líneas. ¿Qué significa la expresión Da Capo?

[R] [Risas] Da Capo es una expresión italiana que se utiliza en la música cuando se ha llegado a un punto o a un final. Cuando se escribe Da Capo, quiere decir que hay que volver a empezar.

Lo cuenta Pla Ventura

Lo cuenta Pla Ventura: 16 de mayo de 1920

Presentación1Literatura no es otra cosa que lograr que el lector se emocione con la narrativa que tiene en sus manos, caso que me ha sucedido a mí al leer el libro LAS 24 ÚLTIMAS HORAS DE JOSELITO en que su narrador, José Luis Cantos Torres nos ha transportado con su magia al año 1920 en que, como su libro indica, nos cuenta las últimas horas de José Gómez Ortega en Madrid y, sin duda, al día siguiente en su visita fatal a Talavera de la Reina.

Yo sabía que Cantos Torres es un narrador brillantísimo, un músico excepcional pero que, como ha sucedido ahora, su condición de mago de las letras es la que me ha emocionado por completo. Se trata de un sentimiento generalizado porque me atrevo a vaticinar que cualquier lector le ocurrirá lo mismo. Son innegables los valores que Cantos Torres ha mostrado en este libro que no es otra cosa que, la leyenda de las últimas horas del menor de los Gallo pero, cuidado que, para construir esta obra han sido innumerables horas de trabajo para recabar datos, momentos, opiniones, secuencias, documentos aportados en que, a tenor del título del libro, 24 horas en la vida de un torero, hasta nos podría parecer excesivo dicho trabajo  por el poco tiempo definido.

No estamos ante una biografía al uso, de las muchas que de Joselito se han escrito porque, tras su muerte, José Gómez Ortega ha sido artífice de que corriera mucha literatura en su honor; yo diría que ha sido el toreo más biografiado y enaltecido en el último siglo. Dicho lo cual, resulta fascinante que Cantos Torres haya buceado en la vida y muerte de este genial torero para condensarnos, en apenas doscientas cincuenta páginas, un hito impresionante en que, insisto, el lector se retrotrae cien años hacia atrás con una naturalidad pasmosa.

Tras leer este libro cualquiera tiene derecho a sentirse poseído por la majestuosidad taurina de aquellos años en Madrid en que, como se sabe, Joselito era el rey. Allí, en la vieja plaza de la carretera de Aragón toreó por última vez Joselito aquel 15 de mayo, festividad del santo patrón en que para su infortunio no hubo fortuna en nada porque los toros de Carmen de Federico rodaron por la arena como pelotas de goma  para desesperación de diestro y público que llenaba la plaza como de costumbre. Allí escuchó Joselito los epítetos más sangrantes que el diestro pudiera imaginar. ”Ojalá mañana te mate un toro en Talavera”. Frases llenas de horror en que el rey de los toreros se sintió muy acongojado en unión de Belmonte e Ignacio Sánchez Mejías que toreaban con él en dicha tarde.

Consideraciones artísticas al margen, el autor nos pasea por aquel Madrid bullicioso, sereno, agradable y, ante todo, con una afición taurina de unas dimensiones inenarrables. Cerramos los ojos y vemos la casa de Joselito en la calle Arrieta, incluso el restaurante en que fueron a cenar los toreros en que, Joselito, herido en su amor propio no cenó. Vemos, como explico, los pormenores de aquel Madrid excitante en todos los órdenes, razón por la cual, entre otros, Joselito y Belmonte tenían casa en la Villa y Corte, como no podía ser de otro modo.

Mi emoción ha sido tanta que, me gustaría ser capaz de relatar todo el libro, desde la primera letra hasta la última, pero sería tanto como mancillar la obra de Cantos Torres en la que, como digo, ha trabajado de forma concienzuda y, lo que es mejor, abordando un relato que a nadie se le había ocurrido jamás. Entiendo que, mostrar mis emociones, mis lágrimas en las retinas de quien narra estas pobres letras son argumentos más que suficientes para invitar al lector para que lea este libro que, además de conocer el Madrid de aquellos felices veinte, cualquiera tiene la sensación de haber pasado junto a Joselito las últimas veinticuatro horas de su vida.

Tras haber cosechado aquel fracaso mayúsculo en Madrid en día de San Isidro, al día siguiente, 16 de mayo, Joselito partía junto a los suyos hacia Talavera, llegando a la ciudad de la cerámica poco antes del mediodía. Belmonte había sido invitado por José para que acudiera como espectador, pero declinó la oferta diciéndole: “Perdona que no te acompañe José, pero ayer tuvimos una mala tarde en Madrid y pasado mañana toreamos juntos en nuestra plaza. Que tengas mucha suerte”

Estas fueron las últimas palabras que se cruzaron ambos diestros, sabedores de que al día siguiente de nuevo compartirían cartel en Madrid. Llegó alegre Joselito a Talavera que, en principio no tenía que torear dicho festejo porque estaba anunciado su hermano Rafael que se cayó del cartel a lo que, los empresarios de dicha plaza, amigos personales de José le invitaron a torear aquel fascinante mano a mano con su cuñado, el ya afamado Ignacio Sánchez Mejías. Todo discurrió con normalidad, la plaza se llenó por completo y, ambos diestros percibieron la ingente suma de cinco mil pesetas de la época.

La corrida no ayudó mucho que digamos porque, salvo la lidia del cuarto toro en que Ignacio invitó a Joselito a poner banderillas y cosecharon unas atronadoras ovaciones, salió el quinto de la tarde y si hubo quinto malo. A José no le gustó, de ahí las precauciones que pedía a todos los miembros de su cuadrilla. Empezó la faena Joselito con probaturas pero, como dice nuestro escritor, Joselito sabía que Bailador no era toro de triunfo, más bien de lidiarlo por la cara y matarlo. En un segundo, Gallito le perdió la cara al toro y éste hizo por él propinándole dos cornadas de muerte. Entró con vida en la enfermería pero, momentos más tarde José había entregado su alma a Dios.

La desolación era infinita, su cuadrilla en la que se encontraba su hermano Fernando no daban crédito a lo ocurrido. Ignacio que finiquitó el toro y el suyo sexto de la tarde, abrevió porque intuía que la cornada podía haber sido gravísima, hasta el punto del que cuando Ignacio entró en la enfermería Joselito era cadáver.

A partir de aquellos momentos se empezó a forjar la leyenda de un hombre que, cien años después sigue tan vivo en la memoria de los aficionados como si estuviera junto a nosotros. Las manifestaciones de duelo fueron el paradigma de la locura al más alto nivel, tanto en Talavera como en su traslado a Madrid para ser velado en su propia casa. Empezó a correr la noticia como un reguero de pólvora, pero nadie la creía, hasta el propio Juan Belmonte que estaba en su casa echando una partida de naipes, cuando le llamaron entendió que se trataba de una broma de mal gusto.

Madrid, España entera se estremeció ante tan macabra noticia y, en la Villa y Corte donde fue velado, decenas de miles de personas pasaron por la calle con la intención de rezar ante su féretro, algo que resultó imposible, pero que se les permitió a todos que firmaran en un libro de condolencias al respecto. Madrid lloró, pero no fueron menores las lágrimas de Sevilla cuando el tren llevó el cadáver de un hijo tan ilustre. Y allí, en la ciudad de la Giralda termina lo que Cantos Torres ha dado por llamar las 24 horas últimas de la vida de Joselito, un hombre que marcó una época y que para su “fortuna” hasta tuvo la dicha de inmortalizarse eternamente cuando apenas había cumplido veinticinco años.

Reitero, Cantos Torres no ha escrito una biografía al uso, ha narrado unas horas apasionantes de un diestro legendario en la que, entre citas, datos y documentos aportados, como decía, ha plasmado un libro inenarrable que, al margen de tanta sabiduría, su autor nos ha inundado con su magia. Felicidades, maestro.

Que compensación y que orgullo supone leer una reseña de esta dimensión sobre mi libro LAS ÚLTIMAS 24 HORAS DE JOSELITO EL GALLO. Muchísimas gracias Luis, tus palabras son un mar de afecto y comprensión hacia la obra. José Luis Cantos Torres

Luis Pla Ventura

Presentación1Muchísimas gracias a Luis Pla Ventura por las palabras tan bonitas que me dedica en su artículo OBRAS IMPAGABLES publicado en torosdelidia.es

El mundo de los toros nos es consciente, respecto a los profesionales, de todo lo que hay detrás, entre “bambalinas”, sencillamente porque sin ese elenco de hombres y mujeres que se entregan con pasión por la causa de los toros, éstos hace ya mil años que hubieran perdido su encanto porque, un espectáculo, una misma obra, de no ser difundida muere en el camino de la incertidumbre.

La lista de personas a ponderar en el mundo de los toros sería interminable pero, en estos días, revisando mi densa biblioteca he vuelto a ver la trilogía de libros que escribió José Luis Cantos Torres cuando, tras cerrar la Monumental de Barcelona, hasta las lágrimas me han caído. Para mi fortuna, aquella adquisición fue un tesoro que hallé para que, en devenir de los años sigamos comprendiendo que, la plaza más taurina del universo no fue otra que la Monumental de Barcelona.

Estos bellísimos libros que nos muestran con todo su esplendor la grandeza de dicha plaza, lo que supuso para el taurinísimo, el fervor que allí se vivía, la explosión de triunfos al más alto nivel, la efervescencia con la que se vivía en Barcelona el espectáculo de los toros, ello no tiene parangón con ninguna otra plaza del mundo. Por dicha razón, José Luis Cantos Torres, su autor, quedará inmortalizado para siempre porque, sin pretenderlo o quizás con toda la intención del mundo, se jugó su dinero, invirtió miles de hora en su trabajo para que, en la medida que pudo reparar el gran daño que unos políticos criminales le hicieron a la fiesta en toda Cataluña pero, de una forma cruel, en Barcelona al cerrar la Monumental barcelonesa.

Para que esta plaza no quedara muda para siempre, José Luis Cantos Torres le puso “voz” para que siguiera hablando a lo largo de la historia y, sin duda, para toda una eternidad. Aquello de que en tres libros admirables, nuestro autor, reseñara todas y cada una de las corridas que en dicha plaza se celebraron, su trabajo no tienen parangón y, lo que es mejor, ahí ha quedado escrita para siempre la historia de la “primera” plaza de toros del mundo; digo bien, si, digo la primera porque es el coso taurino que en mundo que ha dado más espectáculos que la mismísima plaza de toros de Madrid.

José Luis Cantos Torres, este hombre admirable que es capaz de derramar lágrimas al conjuro de su trabajo porque, dentro de su afición digirió aquella puñalada trapera que para él supuso ver a la más “guapa” del mundo cerrada a cal y canto, todo por la decisión de unos insensatos, personas que no tienen el calificativo como tales y que, para mayor desdicha, que tuviera que hacer aquel trabajo sucio un socialista, Pepe Montilla, aquella acción habla muy mal del socialismo que, pasados unos años, como vemos, aquel socialismo que cerró la plaza más emblemática del mundo, ahora aplauden y bendicen al indeseable de Iglesias que, como ha dicho públicamente quiere acabar con la fiesta de los toros.

Por cierto, según este indeseable dice que en España no hay normalidad democrática y, tiene toda la razón del mundo. ¿Cómo puede haber normalidad democrática en un país cuando el vicepresidente del gobierno se llama Pablo Iglesias? Lo digo porque es un tipo que aboga por la libertad de expresión cuando hay que atacar a los demás, cuando alguien se le acerca a él con ese argumento, automáticamente llama a la guardia civil y pone las denuncias pertinentes porque, alguien, a la puerta de su casa, ha puesto del Himno Nacional. Al tiempo bendice a los okupas que asaltan las casas de los demás porque la suya la tiene a buen recaudo rodeada de coches de la guardia civil. Sin duda, no habrá nunca normalidad democrática en España mientras dicho sujeto siga teniendo votos, lo que demuestra que hay millones de enfermos en España.

Lo triste de la cuestión es que, España no tiene solución; vamos a la deriva a pasos agigantados y, los toros son la prueba de lo que sucede en un país como el nuestro. Hasta que llegaron al poder estos apestosos que tienen más de bárbaros que de civilizados, ¿había cuestionado alguien la fiesta de los toros? Yo creo que, ni siquiera ese ciudadano innombrable que presidió el gobierno de España y que ahora es el asesor democrático de Nicolás Maduro, ni ese animal se atrevió a cuestionar la mejor fiesta del mundo. Pero, ya sabemos, otros vendrán que peor lo harán, por eso Dios nos mandó como castigo a Pablo Iglesias para que comprendiéramos que, con ese apellido tan cristiano, dentro de su ser anida un lobo feroz que quiere devorar todo lo que encuentre en su camino y, a las pruebas me remito.

Menos mal que, los políticos desaparecen y las obran quedan, nada es más cierto. Pero es igualmente cierto que, respecto a los toros, cuando una plaza se cierra es imposible que se vuelva abrir y, por dicha razón, el daño es eterno e irreversible. Como fuere, ahí han quedado para la posteridad la obra de José Luis Cantos Torres para que, en del devenir de los años, cualquier aficionado que se precie, si es que todavía queda alguno por el mundo, pueda saber con exactitud la historia de esa “gran dama” como la denomina Cantos que no es otra que La Monumental de Barcelona.

Y por si toda la obra de José Luis Cantos Torres fuera poca, a el pasado año, inmersos todos en la crueldad de la pandemia que nos azota, a este hombre singular no le tembló el pulso y escribió, nada más y nada menos que, LAS ÚLTIMAS 24 HORAS DE JOSELITO EL GALLO, una obra de minucioso estudio que cautivará a todos sus lectores. Termino como empezaba, dándole las gracias a todos los personajes que, sin llevarse un “duro” de la fiesta han sido capaces de entregar su talento, su dinero, su amor y jirones de su propio ser, todo ello para darle brillo y fuste a esta fiesta maltrecha por sus mismos protagonistas y, sin duda, por la clase política. Bien hallado seas de nuevo, José Luis Cantos Torres, algún día muchos reconocerán que tu vida no fue un paso en vano, más bien, una tremenda lección de la que aprenderán generaciones venideras.

Luis Pla Ventura

Museos de Manzanares

Muy agradecido con la atención y amabilidad que me facilitó el Archivo-Museo Ignacio Sánchez Mejías de Manzanares.

MUSEOS DE MANZANARES

El Archivo-Museo Sánchez Mejías es un espacio de exposición y difusión pero también de investigación. José Luis Cantos Torres es uno de estos investigadores que contactó con nosotros para recabar información, sobre todo gráfica, sobre Joselito El Gallo, ídolo y cuñado de Ignacio Sánchez Mejías. Hoy ya se puede consultar en la biblioteca del Archivo-Museo el resultado de esta investigación: el libro “Las últimas 24 horas de Joselito El Gallo”. Gracias a su autor por hacernos entrega de esta obra.

Sin título

EL LIBRO TAURINO DE 2020

LAS ÚLTIMAS 24 HORAS DE JOSELITO EL GALLO.
El libro taurino de 2020.

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ÉXITO DE VENTAS

LAS ÚLTIMAS 24 HORAS DE JOSELITO EL GALLO
Una sentida recreación histórica de José Luis Cantos Torres.
Éxito de ventas en la librería taurina por antonomasia, la Librería Rodríguez.
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Vicent Climent

Muy agradecido con el acreditado escritor gallista, Vicent Climent. Su crítica sobre mi último libro en la web LA GRACIA TOREADORA, es un halagador regalo.

“LAS ÚLTIMAS 24 HORAS DE JOSELITO EL GALLO”

José Luis Cantos, prolífico autor en los últimos tiempos, ha publicado recientemente en la editorial Círculo Rojo, y coincidiendo con el centenario de la muerte de José, el libro ‘Las últimas 24 horas de Joselito El Gallo’. El tema ha sido tratado anteriormente en otras obras pero José Luis ha tenido la habilidad de ordenar, casi como en una novela, el relato.

Así, el lector puede seguir de manera amena los pasos del Rey de los Toreros en su último día terrenal: cuanto ocurrió la tarde del 15 de mayo en la plaza de Madrid, la posterior cena en un conocido local de la capital de España, la mañana del 16, el viaje, la llegada a Talavera, la corrida, la tragedia, el entierro…

La propuesta, que se acompaña de buen número de ilustraciones, acaba con ‘Recortes sobre Joselito’ donde anécdotas, coplas, comentarios y poesías se alternan para ensalzar la figura de Gallito. Además, revela un dato curioso: la ubicación de la carroza mortuoria que condujo por Madrid los restos del diestro.

Vicent Climent

EL ABONO TAURINO

EL ABONO TAURINO DE ESTE INVIERNO ESTÁ EN LOS LIBROS

¡ABÓNATE A LA LECTURA!

Colección taurina de José Luis Cantos Torres

Sin título

FELIZ 2021

Muñoz y Pabón, la pluma de Joselito

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Muñoz y Pabón, junto a la pluma y la Esperanza Macarena.

En la Sevilla de 1920, un sector de aristócratas arcaicos y avinagrados por su clasismo aburguesado, se molestó a rabiar porque se decretó que las exequias de Joselito El Gallo tuvieran lugar en la Catedral. ¡Válgame el cielo! ¡Qué sacrilegio más grande supuso la osadía del Cabildo Catedralicio, proponer semejante encomio para un torero, que además tenía abolengo gitano!

Ante el aluvión de críticas palatinas y en defensa de aquel hercúleo torero, surgió la enfática caligrafía de un hombre humilde, tocado por la fe religiosa y ducho en poesía y escritura, el canónigo nacido en Hinojos (Huelva) Juan Francisco Muñoz y Pabón. Con el amparo de pluma, tintero y papel, Juan Francisco abanderó un clamor popular que la sevillanía más pura y sensitiva, había demostrado en el entierro de uno de sus vecinos más ilustres, aquel torero de dimensión épica, que siendo un chiquillo correteó por la emblemática Alameda, dando capotazos al viento andaluz que escolta, el cauce aceitunado del Guadalquivir.

No pudo tener mejor laudatorio el pequeño de Los Gallos, el canónigo de Hinojos supo ver con más claridad que toda la corte de patricios hispalenses, que la vida y obra de José, estaba predestinada a hacer girones la desidia del olvido.

De los dos alegatos que Juan Francisco publicó en El Correo de Andalucía, el segundo lo hacía para dar respuesta a una carta que le envió una señora anónima, que con mucha suspicacia había retirado del papel timbrado su identificativo blasón. Con estas palabras respaldó las exequias de Gallito en la Catedral: “Joselito contribuyó como un príncipe a todo lo noble, a todo lo grande, a todo lo santo que se proyectó en Sevilla. Ahí están, si no, las coronas de oro de la Virgen de la Esperanza de la Macarena y la del Rocío…;”.  Añadiendo unos párrafos más adelante: “¡Desengáñese usted, señora! Joselito era aún más querido que admirado; y cuando las muchedumbres llegan a querer, crea usted que por algo quieren”.

Apelando a la doble moral que escenificaron los nobles, en el primer manifiesto apuntilló: “Por cierto que no han faltado títulos de Castilla -asistentes al acto- que han sentido escándalo de que todo un Cabildo Catedral haga exequias por un torero… Pues, ¿qué? ¿No sois vosotros los que aplaudís a los toreros y los jaleáis; los que los aduláis, formándoles corte hasta las mismas gradas del Trono; los que os disputáis sus saludos como una honra; tenéis en más sus autógrafos que los de cualquier intelectual consagrado, y pujáis sus reliquias -a veces las más íntimas- como las de un confesor de Jesucristo? ¡Cualquiera os entiende, piadosísimos varones!”.

Es simplemente increíble pensar que en aquel 1920, un “servidor y capellán”, como él mismo se definió en el escrito de la señora anónima, tuviera tanta entereza y temeridad, como para enaltecer la figura de un torero frente a las más altas alcurnias sevillanas. ¡Válgame el cielo! ¡Que espíritu más libre de servidumbres terrenales, tuvo que tener aquel humilde capellán hinojero!

El ejemplarizante comportamiento del canónigo, conmovió a la ciudadanía sevillana de tal manera, que se abrió una suscripción popular para regalarle una preciosa pluma de oro, diamantes y zafiros. Juan Francisco halagado por el significativo obsequio, lo donó a la Hermandad de la Virgen Esperanza Macarena y desde entonces, cada Jueves Santo, la imagen que tanto adoró Joselito, lleva fijada en el fajín de la saya, la fabulosa reliquia de su más profundo valedor.

Juan Francisco Muñoz y Pabón, murió en Sevilla el 30 de diciembre de 1920 a los 54 años, víctima de una dolencia pulmonar causada por el empedernido tabaquismo que practicaba. Tan solo siete meses después de la muerte del Coloso de Gelves, partió junto a él, para descansar en la eternidad de la Memoria Grande de España.

José Luis Cantos Torres

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