C.T. de Pamplona 2021

Domingo Ortega visto desde el presente

            Al cumplirse 90 años de la alternativa de Domingo Ortega en Barcelona, es fácil apreciar, que las cosas en Presentación1lo más íntimo de la tauromaquia, han cambiado bastante. Existe mucha añoranza de figuras de la dimensión del Paleto de Borox. “FIGURAS”, con mayúsculas, que no se disipen en cuanto alcanzan un estatus cómodo, “FIGURAS”, que no se amedrenten de los hierros ni de los compañeros, “FIGURAS” que sin ambages, logren atraer y fascinar la atención de los públicos, sin otro argumento, que el que traza los vuelos de un engaño delante de un toro. Y esto no es una valoración personal, es una apreciación que salta a la vista, por la evidente estampida de aficionados y su colateral falta de relevo, una realidad manifiesta que apareció mucho antes que llegara la pandemia que vivimos. Incluso los interesados más favorecidos, aquellos que son remunerados por su participación directa, han perdido torería (toreros), prestigio (ganaderos) o imaginación (empresarios).

El debut de Domingo Ortega en Barcelona el 26 octubre de 1930 y su inmediata alternativa el 8 de marzo de 1931, forma parte de las páginas más impresionantes de la tauromaquia. Un desconocido que llegó, vio y venció: Veni, Vidi Vici.

El de Borox encandiló al senado barcelonés, pero para ello tuvo que haber un torero que apuntara maneras singulares (Domingo Ortega), una persona que entreviera ese crédito en ciernes (Domingo Dominguín) y un empresario sin complejos, capaz de abrir las taquillas, para darle una oportunidad a un novato anónimo (Pedro Balañá). Y este suceso ocurrió en plena Edad de Plata del toreo, cuando en la cartelería que colgaba de las fachadas de los templos taurinos, se editaban nombres de relieve áureo como el de Chicuelo, Márquez, Lalanda, Villalta, Cagancho, Armillita, Bienvenida, Curro Puya, etc.

Con este escrito no estoy defendiendo que el maestro castellano, fuese mejor o peor, que tal o cual torero, lo que pongo de manifiesto, es el poder de atracción que generó su irrupción en el escalafón taurino y su posterior anclaje en lo más alto de la coletería. En un año, el Paleto de Borox pasó de intervenir de sobresaliente en Aranjuez, entre Marcial Lalanda y Manolo Bienvenida, a debutar en Barcelona, tomar la alternativa en la misma ciudad y volver un año después a Aranjuez con Lalanda y Bienvenida, cobrando más dinero que ellos. Esa heroicidad solo fue posible, por el poder de convocatoria que generó Domingo en las taquillas, cosa que hoy en día no pasa, aunque algunos nos quieran vender la eternidad.

Cuando Ortega llegó al patio de caballos de La Gran Dama de la Tauromaquia Catalana, la misma que hoy permanece cerrada por razones de origen muy acordes con este escrito, su futuro era incierto y además tenía muchos condimentos para fracasar, ya que su experiencia era mínima, su edad demasiado avanzada para ser novillero (24 años) y su único salvoconducto, un quite que hizo en Aranjuez cuando actuó de sobresaliente. Aquel célebre debut, junto a otro neófito de valor infinito, Carnicerito de México,  hizo que el crédito que traía para una novillada, se prorrogase para cuatro, siendo la crudeza del invierno quien pusiera fin a más festejos. La venta de entradas que se generó en las taquillas de La Monumental de Barcelona, permitió un generoso reparto de beneficios, sobre todo para don Pedro Balañá, quien con el estipendio que sacó, compró los terrenos donde más tarde levantó la impresionante sala de cine Palacio Balañá.

En cuanto el crudo invierno perdió su intensidad, Balañá anunció por todo lo alto, la alternativa del maestro toledano. El doctorado lo presidió Gitanillo de Triana en presencia de Vicente Barrera, el astado Valenciano de la ganadería de la Viuda de Bueno fue la prueba a superar, en medio de una expectación suntuosa por el acontecimiento. El éxito de Domingo Ortega alcanzó tal proyección, que en su primera temporada como espada de alternativa, lideró el escalafón quedando primero en número de corridas toreadas. Como resultado al finalizar la misma, compró una parte de la finca del duque de Veragua, la cual se asentaba en el término municipal de Borox. Según le explicó Luis Ortega (hermano de Domingo), a mi apreciado Antonio Santainés Cirés, por el terreno de unas 560 hectáreas pagó 250.000pts (1.502€).

Es un placer escribir un artículo de opinión, para la selecta revista que anualmente publica el Club Taurino de Pamplona-Iruña, donde valiosas plumas muestran el pasado, el presente y el futuro de la tauromaquia.

José Luis Cantos Torres, músico y escritor.

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